Es domingo a la mañana
escucho el crujir de la madera
de un cajón de frutas que el vecino usará
en su habitual asado.
Es domingo y en mi barrio de viejos
que toman mate en la vereda
queman hojas secas
y hacen mandados con carritos
es el día de la visita.
Dentro de unas horas voy a escuchar una voz grave
elevándose sobre el resto casi puedo verlos
como si estuviera ahí pero no estoy
su típica historia de asado
las caras de ahí viene mi parte preferida
las carcajadas
los platos ya vacíos
los vasos que vuelven a llenarse
el perro buscando en el piso alguna sobra
la nenita que tanto grita
dormida arriba de su abuela,
que salió a recibirla con el delantal puesto.
Y desde acá
inhalo el olor
a asado ajeno
como si fuera una diosa
a la que están ofreciendo sacrificio.
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